Patricia Bullrich visita Montevideo con una crítica explosiva a la legislación uruguaya

La exministra de Seguridad argentina y senadora del partido ultraderechista La Libertad Avanza, Pataricia Bullrich, llega a Uruguay para hablar de adicciones y crimen organizado. En diálogo con el diario El País, cuestionó el modelo de legalización de la marihuana, defendió su “Doctrina Bullrich” y analizó sin rodeos el tablero político rioplatense.

En una conferencia en el World Trade Center montevideano, Bullrich, la mujer que durante seis años manejó con mano dura la cartera de Seguridad en los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, ofrecerá la conferencia “Uruguay, futuro y jóvenes: desafíos actuales”, invitada por la Fundación Manantiales.

No es una visita protocolar más de un funcionario extranjero. Es el regreso de una figura que divide aguas y que, ahora desde una banca en el Senado, sigue marcando la agenda de la seguridad en la región.

La primera estocada contra la legislación uruguaya llegó cuando se le preguntó por el modelo de regulación del cannabis, un estandarte progresista que Uruguay instaló en el mundo hace más de una década.

Bullrich lo miró con el pragmatismo de quien ha perseguido búnkeres y no ha visto los resultados prometidos. «Si uno legaliza algo que no lo consume prácticamente nadie, es una legalización que no está dando el resultado que debería dar, que es descomprimir el dinero del microtráfico«, afirmó.

Y agregó un dato que explica su escepticismo químico: «Hoy en día, la marihuana está al nivel de la cocaína, es decir, es mucho más fuerte de la que está legalizada. Con lo cual no sé qué porcentaje de la población utiliza el sistema legal». La conclusión es una pregunta incómoda que la senadora dejó flotando en el aire montevideano: «Ahí hay que repreguntarse si esa legalización ha resultado o no«.

Su mirada sobre la seguridad en esta orilla no fue menos directa. Sin los eufemismos típicos de la diplomacia protocolar, Bullrich puso números y nombres sobre la mesa. «Uruguay tiene que bajar su tasa de homicidios, que la tiene muy elevada«, sentenció. Y acto seguido ofreció su hipótesis, forjada en la trinchera de Rosario: «Para el país que es Uruguay no se explica esa tasa de homicidios si no es por estas bandas, porque además uno lo ve que el problema está bastante circunscrito a una zona determinada».

Esa mirada focalizada no es teoría. Es la base de lo que ella misma, con una mezcla de pudor y orgullo, denomina la «Doctrina Bullrich«. «Se salvaron vidas, se bajó la tasa de homicidios, se empezó a trabajar en liberar Rosario de la toma que tenía el narcotráfico, se logró el fin de los piquetes y muchos éxitos más que plantaron de alguna manera —aunque no soy la ideal para decirlo— la ‘Doctrina Bullrich'», repasó.

La receta es simple en su enunciación pero compleja en su ejecución: «Esa guerra sin cuartel significa que no puede haber un milímetro del territorio argentino tomado por el narcotráfico… Significa que el Estado de Derecho tiene que estar por encima del Estado criminal«.

Para que esa guerra no se pelee con las manos atadas, Bullrich explicó el funcionamiento de su arma legal predilecta: la ley antimafias copiada del modelo italiano. Una herramienta que, según detalló, cambia la lógica de la imputación fragmentada.

«Permite no tomar cada eslabón de una cadena… sino tomar la banda entera, y que todos vayan a tener la máxima pena que tiene el integrante con más pena de esa banda. Esto genera una erradicación, una extracción de las bandas completas».

La imagen que utilizó fue la de una maquinaria que se queda sin engranajes: «Si no viene uno y te dice, ‘yo lo único que hice fue transportar (droga) y no sabía’. Y el otro te dice, ‘no, yo hice delivery’… Esta ley nos permite hacer una extracción completa. Eso está dando muchos resultados… Desarticula mucho las capacidades de las organizaciones y la misma participación».

En el tramo político de la charla, Bullrich fue igual de explícita sobre la ruptura del espacio que compartió con Macri. Lejos de describir una salida elegante, habló de un colapso estructural: «Yo no salí de Juntos por el Cambio, sino que Juntos por el Cambio implosionó. Tuvo una interna con dos ideas muy distintas… No tenía efecto societatis». Y sobre su futuro electoral, cortó cualquier especulación que la posicione como alternativa a Milei. «No, para nada. La vara para medir el éxito de un gobierno en un país con reelección es la reelección del presidente», afirmó con una lealtad explícita al rumbo libertario.

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