Uruguay 2-0 Colombia: Brizuela firmó dos golazos de tiro libre y la Celestita vive, aunque con el alma en vilo

El aire pesaba en el CARFEM. No era solo el calor guaraní. Era esa cosa rara que tienen los partidos donde te jugás medio torneo en 90 minutos. Uruguay sabía que ganar o ganar no era una opción: era una obligación. Y contra Colombia, un rival que llegaba con los dientes largos después de golear a Chile, los pibes de Ignacio González hicieron los deberes. Sin vueltas. Dos goles de tiro libre, ambos de la misma zurda, la de Thiago Brizuela. Y a otra cosa.

Pero si alguien pensó que después del pitazo final había lugar para el desahogo, se equivocó. Los celestes se fueron al vestuario con la cabeza fría. Porque este 2-0, más que un triunfo, fue una postergación. Una manera de mantenerse vivos en un grupo que parece un laberinto.

Lo primero que hay que decir es que Uruguay no jugó bonito. Ni cerca. El primer tiempo fue un pulso sin demasiada creación: Colombia quería la pelota, pero no sabía qué hacer con ella; los uruguayos, más directos, esperaban algún error ajeno. Y apareció a los 9 minutos. Falta lejana, casi sin ángulo, y Brizuela –un volante de 16 años que ya tiene la cintura para estas cosas– la clavó en el ángulo izquierdo de Luigi Ortiz. Golazo. De esos que en la tribuna te hacen soltar un “no jodés”.

Después, el partido se durmió. Colombia intentó reaccionar con cambios: metió pierna fuerte, se calentó el ambiente, pero nunca encontró la puntada final. Uruguay, por su parte, se replegó sin asustarse. Y en el segundo tiempo, otra vez la misma fórmula: falta, Brizuela, y derechazo que se desvía en la barrera y descoloca al arquero. 2-0. Sentencia.

¿Lo demás? Un trámite. Colombia ya no creía. Los uruguayos administraron sin lucirse. Y el árbitro Gariano se fue silbado por los pocos hinchas que se quedaron, aunque eso ya es costumbre.

Acá viene lo fino. Uruguay terminó con 5 puntos. Segundo por ahora, pero con un partido menos que todos sus perseguidores (descansa en la última fecha). Eso significa que no depende de sí mismo para ser semifinalista. Depende de lo que hagan Colombia-Paraguay y Ecuador-Chile el domingo. ¿Las cuentas?

Si Colombia le gana a Paraguay, los cafeteros llegan a 6 puntos y dejan a Uruguay tercero.

Si Paraguay da el batacazo y suma de a tres, los guaraníes se ponen a 4, y ahí la cosa se vuelve un enredo de diferencia de gol.

Y ojo con Chile: si los trasandinos le ganan a Ecuador (ya clasificado), también alcanzarían los 4 puntos.

En resumen: la Celestita necesita que los resultados no la dejen última en ese mano a mano entre los que terminan terceros y cuartos. Porque el que queda último del grupo A (sí, el cuarto) se queda afuera de todo. Los otros tres van a pelear por el quinto, sexto y séptimo puesto, que también dan boleto a Catar.

¿Confuso? Bienvenidos al Sudamericano sub-17.

Después del partido, González no escondió la incomodidad. “No nos toca especular, pero vamos a tener que mirar los otros resultados. Eso no le gusta a nadie”, largó ante la prensa, con esa cara de entrenador que sabe que lo mejor hubiera sido resolver antes. También elogió a Brizuela, pero sin vueltas: “Los goles de pelota parada nos salvaron, pero en ataque nos falta una marcha más”.

Por el lado colombiano, Hurtado se fue con las manos vacías y un discurso cansino: “Ellos tuvieron dos tiros libres y nosotros no estuvimos finos”. La realidad es que su equipo se desdibujó tras el primer gol. Y eso, en un torneo corto, es condena.

El domingo, mientras los jugadores uruguayos entren en el complejo Albiruji con el celular pegado a la mano, en cancha se decidirá su destino. Si Colombia no pierde con Paraguay, los celestes quedan afuera de la zona noble (semifinales) pero aún con chance al repechaje mundialista. Si Paraguay gana, se arma una triple paridad que se define por goles.

Y si Chile le gana a Ecuador… bueno, mejor no pensar tanto. Porque a esta altura, los pibes ya cumplieron con ganar. El resto ya no es fútbol. Es calculadora.

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