El crudo Brent cotizaba este lunes 30 de marzo por encima de los US$115 por barril, con un máximo intradiario de US$116,50, mientras el WTI —referencia estadounidense— operaba en torno a los US$101. La jornada arrancó con presión compradora desde las primeras horas, traccionada por los ataques con misiles y drones que los hutíes de Yemen lanzaron contra Israel durante el fin de semana, y por el arribo de refuerzos militares norteamericanos a la región. El mercado energético global, en su quinta semana de convulsión, no encuentra señales de estabilización.
La escalada de precios desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán el 28 de febrero no tiene precedentes en la historia reciente del mercado. El Brent acumula una suba superior al 50% en lo que va de marzo, consolidándolo como el mes de mayor alza mensual registrada para este referente. En términos anuales, la variación supera el 77%. El WTI, por su parte, acumula cerca de un 54% mensual. Esta trayectoria convierte la crisis energética actual en la más grave desde los shocks petroleros de la década de 1970, según la Agencia Internacional de Energía.
El factor central que explica estas cifras es el cierre del Estrecho de Ormuz. Por ese canal de 34 kilómetros en su punto más angosto —ubicado entre Irán y Omán— transitaban habitualmente unos 20 millones de barriles diarios de crudo y volúmenes significativos de gas natural licuado, lo que representa cerca del 20% del comercio marítimo mundial de petróleo. Desde que comenzaron los ataques, el tráfico de petroleros cayó inicialmente un 70%, para luego reducirse prácticamente a cero.
El impacto del bloqueo de Ormuz no se distribuye de manera uniforme en el tiempo ni en la geografía. Según un informe de JPMorgan, los envíos desde el Golfo Pérsico demoran entre 10 y 20 días en llegar a Asia, entre 20 y 35 días en alcanzar Europa y África, y entre 35 y 45 días en arribar a Estados Unidos. Esa diferencia de tiempos explica por qué Asia absorbe el primer impacto de la crisis. Los últimos cargamentos despachados antes del inicio de la guerra prácticamente se han agotado en los mercados asiáticos. China, que recibía aproximadamente un tercio de su petróleo importado a través del estrecho, cuenta con reservas estratégicas estimadas en unos mil millones de barriles.
El conflicto no se limitó a interrumpir el tránsito marítimo de crudo. A mediados de marzo, instalaciones energéticas en Qatar y Arabia Saudita fueron atacadas por Irán. La Ciudad Industrial de Ras Laffan, el principal hub de procesamiento de gas natural de Qatar, sufrió daños que obligaron a QatarEnergy a suspender la producción de GNL. Pakistán y Bangladesh, con reservas nacionales estimadas en una o dos semanas, quedaron en situación particularmente expuesta.
Los efectos también alcanzaron a la industria de metales. Durante el fin de semana, Emirates Global Aluminium reportó daños significativos en una de sus instalaciones por un ataque con misiles y drones, mientras que una planta de Aluminium Bahrain también fue impactada.
En las negociaciones diplomáticas, Irán rechazó el plan de 15 puntos presentado por Estados Unidos para poner fin al conflicto y presentó sus propias condiciones, entre las que figura el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz. Un funcionario iraní lo planteó como un punto adicional al listado original de Teherán, señal de que la magnitud del impacto económico global amplió las ambiciones negociadoras de la República Islámica.
Trump, por su parte, extendió el plazo para un eventual ataque contra la infraestructura energética iraní hasta el 6 de abril, argumentando que las conversaciones estaban en curso. En declaraciones del viernes anterior, indicó que Irán había permitido el paso de diez petroleros para, según sus palabras, «compensar su declaración errónea» sobre la existencia de negociaciones. «Están negociando. Están suplicando para llegar a un acuerdo. Están suplicando para llegar a un acuerdo», dijo el presidente. Irán negó estar participando en conversaciones directas con Washington.
El analista Rory Johnston, de Commodity Context Corp., planteó la contradicción que rodea esa fecha límite: «Es muy poco probable que Teherán acepte sus términos en tan poco tiempo bajo amenaza de ataque. E Irán claramente tiene la capacidad y la disposición de responder a cualquier escalada».
La incorporación de los milicianos hutíes de Yemen al frente activo del conflicto suma una variable de riesgo nueva para los mercados. Los hutíes dispararon misiles contra Israel durante el fin de semana y anunciaron que continuarán los ataques. Aunque no mencionaron expresamente amenazas contra buques en el sur del Mar Rojo y el estrecho de Bab El-Mandeb, analistas señalan que el grupo tiene capacidad para hacerlo. De particular relevancia resulta el puerto saudí de Yanbu, en el Mar Rojo, que Arabia Saudita ha estado utilizando para sortear el bloqueo de Ormuz e incrementar exportaciones hacia los mercados occidentales. Ese puerto se encuentra dentro del radio de alcance de los misiles hutíes.
Arabia Saudita intensificó el bombeo a través de su oleoducto Este-Oeste para amortiguar el shock de suministro, incrementando los envíos por Yanbu. Cualquier interrupción de ese corredor alternativo profundizaría el déficit de oferta global, estimado actualmente en torno a los 11 millones de barriles diarios según analistas de UBS.
El límite temporal del 6 de abril, la posición iraní respecto al estrecho, la eventual incorporación de los hutíes a la presión sobre rutas marítimas alternativas y las señales contradictorias de Washington definen un escenario en el que la volatilidad energética tiene más factores de presión al alza que a la baja. Algunos estrategas ya proyectan que el Brent podría alcanzar los US$200 por barril si el conflicto se extiende hasta finales de junio sin una resolución sobre el acceso a Ormuz.