El senador Sebastián Da Silva, integrante de Alianza País del Partido Nacional, concedió una extensa entrevista al diario El País en donde habló de su trayectoria política como un recorrido que comenzó por influencia familiar. Según él, su madre, recién divorciada a la salida de la dictadura, encontró la militancia en Por la Patria. Mencionó que a su abuelo, de origen blanco, le llegaban los casetes de Wilson (Ferreira Aldunate) cuando vivía en el interior y que, aunque su padre era antipolítico, él se enamoró de Aparicio Saravia, del folklore y del poncho blanco.
Asistió al Seminario, donde estaban los curas de sotana roja y los poquitos de origen blanco, y luego cursó estudios en la Facultad de Derecho. Fundó la juventud de la 903, experiencia que calificó como “bastante épica y legendaria”. Estando en esa etapa, recordó que ello lo llevó a ser diputado del “Ramírez es 903” del 99, durante el gobierno de Jorge Batlle.
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El legislador derechista es un acaudalado terrateniente, con campos agrícolas en distintos puntos del país e ingresos de distintos rubros, y describe la convivencia de su actividad política con la vida laboral privada como algo “corrosivo en lo mental”. “A veces estás ocho horas acá y no sacás nada, mientras los terneros valen cuatro dólares, los drones van a plantar pradera, los cheques, el contador y la puta madre. Pero después de ese momento, que fue un momento jodido en mi vida, porque yo quedé en pampa y la vía, me prometí a mí mismo nunca más depender de la política para vivir”, manifestó en la entrevista con el rotativo.
Según él, lo “pudren” los políticos y la mediocridad, así como aquellas personas que están “en poco contacto con la realidad” y con “autopercepción de que son importantes”, lanzó nombres propios: “Los importantes están afuera. Pongamos uno de izquierda, (Rafael) Radi, ¿es más importante que un senador? No lo es. Pero acá está (Daniel) Caggiani, militante profesional”.
Dada su posición sobre los políticos de carrera, la periodista Pamela Díaz y su colega Carlos Tapia le confrontaron con la realidad de que, dentro del PN, hay una gran cantidad de políticos profesionales o de carrera, que llevan décadas sentados en escaños parlamentarios o en puestos de gobierno.
Ante esto, respondió: “Pero yo soy totalmente anarquista. ¿Dónde está el planteo del político? En la supervivencia. Yo no tengo aspiración de sobrevivir. Nosotros generamos el milagro de ganarle a la lista de Luis (Lacalle Pou) y Álvaro (Delgado). Eso no estaba en los planes de nadie. No estaba en los planes de ustedes, los periodistas. Queríamos ganar en Montevideo y ganamos en todo el país. Consecuencia de eso, estoy acá. Y si estoy, que no quería, seré auténtico”.
El legislador también se hace eco de un concepto que viene dando la ultraderecha global, que es “dar la batalla cultural” (un concepto robado al ideólogo de izquierda, Antonio Gramsci). Desde la perspectiva de la derecha (específicamente la «nueva derecha» o los sectores conservadores y libertarios contemporáneos), «dar la batalla cultural» es la idea de que la política no se gana solo en las urnas, sino principalmente en las ideas, los valores y el lenguaje que dominan la sociedad.
“Creo que la batalla de ideas, la nueva batalla, es propositiva (…) Y ahí viene lo de la batalla cultural. Hay cierta inevitabilidad de un cambio de gobierno. Un gobierno que arranca como este, en este contexto económico, como vienen de actitud los ministros que se pelean hasta por un túnel, va hacia el cambio inevitable. Todos los días nos extrañan un poquito más. ¿Qué tengo que hacer yo, entonces? Tratar de a esos dogmas del Estado de Bienestar batllista tirarlos abajo”, reflexionó.
Para el senador, hay que hacer reformas liberales y de poder, y “dejar de romantizar la justicia social, que es un concepto absolutamente hueco”, lo que, a su entender, debe ser reemplazado por conceptos más meritocráticos como “la prosperidad y la autonomía”.
Por otro lado, culpó por diversas razones a sus otrora socios de la coalición derechista, Cabildo Abierto, partido de Guido Manini Ríos, y al Partido Colorado cuando estaba al frente Ernesto Talvi, a quien criticó por “reivindicar el batllismo” siendo economista libertario.
“or eso hoy las batallas de las ideas hay que darlas antes de gobernar. Ni (Andrés) Ojeda ni (Pedro) Bordaberry están en contra de la liberación de combustibles, y Cabildo Abierto… desde que el general Manini se despertó y fue a firmarle el pésame al ayatolá de Irán, no sé qué puede pasar”, espetó.
Por último, rechazó que el PN se diga “de derecha”, porque le gustan “los partidos anchos”. “Yo sí digo que lo soy. Yo soy de la derecha popular. No rancia, miliquera, por gusto con las botas. Y sé que esa derecha puede juntar los votos que dejó Mujica. El MPP es un rejunte de acomodados. Nunca juntaron votos por su propio método”, remató.
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