El Poder Ejecutivo uruguayo mantiene en análisis la evolución de los precios de los combustibles en el contexto internacional y contempla la posibilidad de anticipar el ajuste periódico previsto para finales de abril. La ministra de Industria, Fernanda Cardona, informó que durante la jornada se llevó a cabo una reunión con el presidente de la República, el Ministerio de Economía y Finanzas y la secretaría de Presidencia, instancia en la que se evaluaron informes técnicos de cara a la metodología de fijación de precios.
«Hoy nos pasó que estuvimos monitoreando hora a hora. En el día de hoy, en tres horas, varió tres veces el precio. Hoy tuvimos una reunión, con el presidente de la República, con el Ministerio de Economía y Finanzas, y secretaría de Presidencia, donde estamos evaluando con informes técnicos, de cara a la metodología y cuando tengamos que fijar el precio, con qué nos encontramos», expresó Cardona.
Consultada sobre la eventualidad de adelantar la suba, la secretaria de Estado no descartó esa posibilidad y añadió: «Vamos a tomar una decisión respecto a eso. Hoy tuvimos la primera reunión de este tema. Ya con los informes de Economía y Finanzas y los del Ministerio de Industria y Ancap. Lo comentaremos cuando tomemos una decisión». La jerarca calificó el escenario mundial como «absolutamente complejo» y señaló que Uruguay deberá adoptar definiciones, aunque destacó la estabilidad del país en el contexto regional.
Por su parte, el ministro Oddone recordó que los ajustes de combustibles responden a una periodicidad bimestral, lo que ubicaría el próximo incremento entre fines de abril y principios de mayo. No obstante, precisó que la normativa vigente permite modificar esa calendarización.
«Si hoy siguiéramos PPI, el precio de la nafta tendría que ser el aumento de más del 15% y el precio del gasoil tendría que estar en torno al 40%. El PPI, que es un elemento fundamental a tener en cuenta pero no es el único, demuestra que ante circunstancias excepcionales como las que enfrentamos hoy, no es buena práctica el seguimiento de un precio de mercado, porque los mercados cuando se enfrentan a situaciones de desorden pueden generar variaciones de precios totalmente inconvenientes para la toma de decisiones», sostuvo.
El jerarca añadió que en las próximas horas se definirán medidas, y que existe facultad para modificar los precios antes del 30 de abril. «La decisión va a ser en función de mantener un equilibrio entre no desconocer que el precio del petróleo se disparó y no podemos trasladarle todo lo que está ocurriendo en el mercado internacional a la realidad uruguaya, porque tenemos espalda, y porque si lo hiciéramos afectaríamos un conjunto de decisiones de gente que no toma decisiones para mañana o para pasado sino que son decisiones de un año», explicó.
La ministra Cardona también se refirió a la situación del gasoil en la zona fronteriza con Brasil, donde el combustible registra un valor inferior, lo que ha generado desplazamientos de compradores desde el vecino país. En ese marco, mencionó la posibilidad de que se registre desabastecimiento y detalló que se analizan medidas al respecto.
«Tenemos dos cuestiones que tienen que ver con el sector productivo que es esta realidad que estamos teniendo con Brasil en particular y una realidad que estamos teniendo de que empiezan zafras productivas que también tenemos que considerarlas a los efectos de tomar decisiones. Esto fueron un poco las variables que consideramos en la reunión de hoy», indicó Cardona, quien aseguró que «hoy no» existe riesgo de desabastecimiento.
«Vengo insistiendo desde hace dos semanas en dos temas, precio y disponibilidad. Hoy no tenemos un problema de eso, pero también es verdad que con esta realidad tenemos que tomar alguna decisión rápidamente para que eso no ocurra», agregó la titular de Industria.
El escenario internacional que enmarca las definiciones locales tuvo su detonante el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel ejecutaron ataques contra Irán con el objetivo declarado de neutralizar su programa nuclear, destruir su arsenal de misiles balísticos y debilitar sus redes vinculadas al terrorismo. En respuesta, Irán atacó infraestructura petrolera en países de la región y declaró el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, vía marítima por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo y el 30% del gas natural consumido a nivel global.
Durante los primeros días del conflicto, cerca del 20% del suministro mundial de petróleo quedó interrumpido, una proporción que duplica el récord previo registrado durante la crisis de Suez de 1956 a 1957, de acuerdo con datos de Rapidan Energy.
El crudo Brent acumuló un alza de 49,1% a lo largo de marzo, impulsado por los bombardeos del 28 de febrero contra infraestructuras en Irán, incluida la capital, Teherán. Los ataques destruyeron instalaciones militares y causaron la muerte de altos mandos políticos, militares y religiosos del régimen, entre ellos el líder supremo Alí Jamenei. El Brent llegó a situarse en torno a los 113 dólares por barril, casi un 55% por encima del valor previo al inicio de la guerra, con el Estrecho de Ormuz efectivamente cerrado al tráfico.
El anuncio de una pausa de cinco días en los ataques militares contra la infraestructura energética de Irán generó una caída de hasta 11% en el precio internacional del crudo. El barril WTI retrocedió a USD 88,84 y el Brent cayó a USD 99,79. Sin embargo, los precios volvieron a subir más de 1% luego de que Irán negara que se hubieran llevado a cabo negociaciones con Estados Unidos desde el inicio de la guerra, contradiciendo las declaraciones del presidente estadounidense.
A casi un mes del inicio del conflicto, el precio del petróleo dejó de ser la principal referencia para medir el impacto económico. El foco se desplazó hacia el costo real de los combustibles, que ya supera los 200 dólares por barril en algunos segmentos clave como el combustible para aviones. Este fenómeno refleja una ruptura entre los precios «de papel» —los futuros del crudo— y el mercado físico, donde se define el valor que finalmente pagan industrias, empresas y consumidores.
En 2025, las refinerías del Golfo suministraron el 60% del combustible de aviación consumido en el continente europeo y cerca del 30% del diésel, volúmenes que han quedado interrumpidos. Simultáneamente, compradores asiáticos intensificaron la búsqueda de cargamentos en África occidental y América Latina, lo que incrementa la competencia por los barriles disponibles fuera del Golfo.
La Agencia Internacional de Energía calificó el conflicto como la peor crisis energética mundial en décadas. Su director ejecutivo, Fatih Birol, señaló que «ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa en esta dirección». Un alto funcionario de Naciones Unidas alertó sobre un efecto dominó que ya genera subidas exponenciales de precios del petróleo, el combustible y el gas, con impacto severo en países en desarrollo de Asia y África.
La AIE estima un plazo de al menos seis meses o más para restablecer la situación una vez que finalice el conflicto. A la estrangulación del Estrecho de Ormuz se suman los ataques de los últimos días a importantes centros de producción de petróleo y gas de Irán, Qatar, Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.