Un equipo de científicos en Noruega logró un avance significativo para la descarbonización de la industria pesada: un sistema híbrido que no solo genera electricidad, sino que aprovecha el calor solar para reducir hasta en un 17 % el altísimo costo energético que implica capturar dióxido de carbono.
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El proyecto, liderado por investigadores del instituto tecnológico SINTEF, plantea un cambio de paradigma en cómo las grandes fábricas pueden aprovechar la energía del sol. A diferencia de los paneles tradicionales, esta tecnología produce y almacena energía térmica diseñada específicamente para procesos industriales de alta exigencia.
La primera planta piloto ya está en marcha en Trondheim. Se trata de imponentes módulos de cinco metros de altura que combinan celdas fotovoltaicas tradicionales con una serie de espejos inclinados. Su función es clara: concentrar al máximo la radiación del sol.
El secreto de su eficiencia radica en que no se desperdicia la temperatura generada. Gracias a un circuito de cañerías con líquido instaladas debajo de los paneles, el sistema logra recuperar el calor. El diseño fue posible gracias a una alianza estratégica con la firma Svalin Solar, tomando como base sus experiencias previas en estructuras solares flotantes, pero adaptándolas ahora a las necesidades directas de una planta de captura de CO₂.
Para que la captación sea máxima, la estructura cuenta con un seguidor solar que rastrea la posición del sol a lo largo del día. Esto permite calentar el líquido recuperado hasta unos 60 °C, una cifra inusualmente alta para los sistemas híbridos actuales.
Sin embargo, el proceso químico para capturar el carbono exige temperaturas que rondan los 130 °C. Para cubrir esa brecha sin recurrir a combustibles fósiles, los desarrolladores integraron una bomba de calor de última generación.
Noruega se ha convertido en el primer país del mundo en comprometerse con la total eliminación de…
Este equipo se alimenta de la propia electricidad que generan los paneles para elevar la temperatura del agua hasta el nivel necesario. Es un ejemplo claro de la tendencia que pisa fuerte en Europa: dejar atrás el gas natural y apostar por la electrificación térmica de las industrias.
Extraer carbono del aire o de las chimeneas es un proceso que consume muchísima energía (habitualmente unos 3,1 megajulios por cada tonelada métrica de CO₂). Durante los ensayos llevados a cabo en el laboratorio Multiphase de Tiller, esta nueva tecnología logró recortar ese gasto en 0,52 megajulios por tonelada. Esto se traduce en un ahorro real del 17 %.
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Aunque a primera vista parezca una cifra menor, para plantas que capturan cientos de miles de toneladas anuales, el impacto en la reducción de costos es masivo.
A futuro, las simulaciones matemáticas del equipo proyectan que, optimizando la concentración de los espejos y minimizando la pérdida de calor, el ahorro energético podría trepar hasta un 39 %. En un mercado europeo donde el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) castiga económicamente a las industrias contaminantes, esta mejora vale oro.
Las pruebas iniciales se realizaron durante agosto de 2025, un mes marcado por el cielo gris típico de las latitudes nórdicas, lo que lógicamente limitó el rendimiento de los equipos. Los creadores del proyecto son francos al respecto: al depender del clima, los días de baja radiación exigen que el sistema tome energía eléctrica externa para mantener los 130 °C.
Por este motivo, el verdadero potencial de esta tecnología apunta al sur del continente europeo. Países como España, Grecia y, particularmente, Italia, ofrecen niveles de radiación anual mucho más altos, lo que vuelve al sistema mucho más rentable.
El próximo gran paso será sacar el invento de los laboratorios noruegos e instalarlo en una fábrica de vidrio en Italia, una industria conocida por su altísima demanda de calor y sus emisiones difíciles de abatir. Esta prueba en el «mundo real» servirá para medir el mantenimiento, la estabilidad del equipo y su integración con los procesos diarios de la fábrica.
Si los resultados acompañan, las puertas se abrirán para otros gigantes del sector pesado:
Se trata de sectores donde electrificar todo de forma directa es casi imposible y el calor industrial sigue siendo el gran obstáculo ambiental.
En definitiva, este sistema no es una solución mágica que elimine la urgencia de emitir menos gases en origen, pero mejora sustancialmente los procesos de captura de carbono que Europa necesitará en las próximas décadas. La transición ecológica no se logrará con un solo invento perfecto, sino con mejoras tecnológicas sólidas e inteligentes como esta.