Orsi asume presidencia pro tempore de la Celac con llamado a profundizar la cooperación regional

Yamandú Orsi encabezó este sábado 21 de marzo la X Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Bogotá, Colombia, instancia en la que Uruguay tomó la presidencia pro tempore del bloque. El mandatario uruguayo situó la paz regional como eje del mensaje inaugural y enumeró una serie de prioridades para el período que comienza, desde la seguridad alimentaria hasta el combate al crimen organizado transnacional.

En su alocución ante los jefes de Estado presentes, Orsi recurrió al historial diplomático de la región para sostener que los países latinoamericanos lograron mantener a América Latina y el Caribe fuera de conflictos armados interestatales gracias a décadas de política sostenida. Esa trayectoria, señaló, no representa una «consigna vacía», sino «una forma viva de construir libertades». La distinción no es semántica: el presidente la utilizó para fundamentar por qué el mantenimiento de esa condición exige decisiones activas y no meramente declarativas.

El mandatario identificó tres requisitos operativos para sostener esa paz: el diálogo cuando resulta más difícil sostenerlo, el respeto a las instituciones ante la tentación de ignorarlas, y la búsqueda de acuerdos cuando las posiciones de las partes parecen irreconciliables. En ese marco, definió a la Celac como un espacio donde 33 países pueden encontrarse aun cuando sus perspectivas no coinciden.

La referencia a la identidad nacional no fue accidental. Orsi subrayó que la Constitución uruguaya establece explícitamente el compromiso con la solución pacífica de controversias internacionales y con la integración latinoamericana, lo que convierte el ejercicio de la presidencia pro tempore en una expresión coherente con ese marco jurídico de base. «Para Uruguay, paz e integración siempre han sido parte de la misma idea», sostuvo.

Desde ese encuadre, el presidente uruguayo presentó la agenda del bloque para el período bajo su conducción. Los principales desafíos continentales identificados fueron la seguridad alimentaria, la transición energética, la gestión de riesgos de desastres, la educación superior y el desarrollo productivo y comercial. La enumeración fue presentada sin jerarquía explícita entre los temas, aunque su orden refleja las áreas donde la cooperación multilateral tiene mayor recorrido en la región.

Orsi también deslizó un punto de agenda que excede lo programático habitual del bloque: la necesidad de que los países de América Latina y el Caribe coordinen, con criterio estratégico, el respaldo a la candidatura de alguno de sus miembros para conducir la Secretaría General de las Naciones Unidas. La formulación fue cuidadosa —»la persona de alguno de nuestros países»— y no mencionó nombre alguno ni país específico.

La parte más extensa del discurso se concentró en el crimen organizado transnacional. El presidente uruguayo describió como una «paradoja» la coexistencia de dos realidades contradictorias: la región se mantiene libre de conflictos armados entre estados, al tiempo que registra niveles de violencia interna extremadamente elevados. El dato que utilizó para dimensionar el problema es de circulación recurrente en los foros especializados: América Latina y el Caribe concentran el 30% de los homicidios del planeta con apenas el 8% de la población mundial.

Frente a esa brecha, Orsi rechazó implícitamente los enfoques que subordinan las garantías institucionales a resultados de corto plazo en materia de seguridad. «El delito no se combate debilitando la ley, se combate fortaleciendo el Estado de Derecho«, afirmó. Y completó la idea señalando que la falta de derechos no se corrige reduciendo institucionalidad, sino con «más democracia, más ley y desarrollo». La formulación distingue entre eficacia represiva e institucionalidad como variables que, según su planteo, no deben disociarse.

La conclusión operativa que extrajo es que la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado debe tener carácter regional para ser efectiva. «Profundizar la cooperación contra el narcotráfico es defender la paz que América Latina y el Caribe han sabido construir», sintetizó, estableciendo una equivalencia entre la integración en seguridad y la preservación del atributo pacífico de la región.

Al cierre de su intervención, Orsi encuadró la presidencia pro tempore dentro de una visión más amplia sobre el lugar de la región en el sistema internacional actual. La apelación a que América Latina y el Caribe tienen «una responsabilidad histórica» de cuidar la paz que construyeron fue el argumento de cierre, formulado en términos de legado y no de proyecto futuro. El presidente destacó que la región acumula una experiencia basada en el derecho, la cooperación y las instituciones, que considera valiosa en un contexto mundial que él describió como «cada vez más atravesado por conflictos».

La cumbre de Bogotá fue la décima del bloque desde su fundación. La Celac reúne a los 33 países de América Latina y el Caribe y funciona como foro político regional sin la participación de Estados Unidos ni Canadá. Uruguay ejerce ahora la presidencia pro tempore, rol que implica conducir la agenda del bloque hasta la siguiente cumbre.

Más previsiones: Tiempo Buenos Aires 25 días