La discusión en torno al fideicomiso millonario que busca acceder la Intendencia de Montevideo (IM) se instaló en el centro de la disputa política departamental e irrumpió también en la interna del Partido Nacional (PN). En las últimas horas, el semanario Búsqueda publicó sobre presuntas presiones que habrían sido ejercidas sobre ediles blancos para que bloqueen el avance de obras en la capital.
En el trasfondo de las negociaciones, los intercambios y los eventuales acuerdos para financiar parte de los proyectos que el gobierno comunal tiene previsto para este quinquenio, circulan señales que apuntan a la misma dirección: si los votos están disponibles para aprobar partidas extrapresupuestales, si existe un mandato desde las jerarquías partidarias para bloquear el acceso de la IM al crédito, y si detrás de las posiciones hay una estrategia de largo aliento con cálculos electorales incorporados.
El diario El País dio a conocer la existencia de una «preocupación» dentro de la estructura interna del PN en relación con la postura que podrían adoptar tres ediles blancos pertenecientes a la lista 22: Joaquín Campos, Nicolás Hernández y Laura Soto. Según esa información, los tres legisladores departamentales estarían dispuestos a desatender una indicación proveniente de los niveles más altos de la cúpula nacionalista, y otorgarían sus votos para que la Intendencia de Montevideo acceda a un crédito de aproximadamente US$ 300 millones.
Los fondos tendrían como destino la revitalización de la Ciudad Vieja y la ejecución de reformas en áreas consideradas centrales por la administración comunal, entre las que se incluyen la limpieza urbana, la reparación de calles y el saneamiento. Son tres de los reclamos que se repiten año tras año entre los más de 1.3 millones de habitantes que tiene Montevideo.
El líder de la lista 22, el dirigente blanco Santiago Caramés, describió la posición de su sector ante la consulta del semanario Búsqueda. «Por lo pronto, no nos negamos de una«, sostuvo. En esa misma línea, Caramés amplió su perspectiva sobre el modo en que su grupo entiende la práctica política.
«La política que le sirve a la gente no se hace desde los escritorios ni desde las consignas. Se hace recorriendo, escuchando y estudiando. Por eso estamos visitando todos los municipios de Montevideo, reuniéndonos con alcaldes y alcaldesas, con organizaciones de la sociedad civil, conociendo de primera mano las realidades de cada barrio, cada demanda concreta. Esa es nuestra forma de hacer política: con los pies en el territorio y la cabeza puesta en las soluciones», dijo.
Dentro del Partido Nacional, las posiciones no se articulan en una única dirección. Existen sectores con una actitud de confrontación más marcada, que no ofrecen margen de concesión. El senador y excandidato a la Intendencia de Montevideo, Martín Lema, cuestionó públicamente al jefe comunal, Mario Bergara, por haber introducido el debate sobre partidas especiales en un momento en que el presupuesto quinquenal de la IM aún no había sido aprobado.
El tratamiento de ese presupuesto comenzó el miércoles 18 de marzo y se extendió hasta la madrugada del jueves 19, en sesión de la Junta Departamental. «No es el orden ni la lógica que se debe adoptar», declaró Lema en declaraciones al mismo matutino que había publicado la información sobre los ediles díscolos, y añadió que a Bergara «se lo ve desorientado y desordenado».
En paralelo, el oficialismo salió a cuestionar la jugada del expresidente Luis Lacalle Pou, quien, según la información disponible, publicada por Búsqueda, habría hablado directamente con los ediles blancos para pedirles que no apoyen el préstamo. Desde el Frente Amplio, esa gestión fue catalogada como una «intervención» de un actor externo al ámbito departamental, y generó reacciones que pusieron en evidencia el peso que tiene la figura del expresidente en las definiciones del PN, incluso en materias que corresponden estrictamente al plano municipal.
Caramés, por su parte, reconoció que dentro del Partido Nacional «convivan visiones distintas sobre cómo enfrentar los desafíos de la gestión departamental«, y calificó eso como «parte de la riqueza de un partido plural». No obstante, delimitó con precisión el modo en que su lista procesa esas diferencias: «Respetamos cada postura y respetamos el liderazgo. Pero funcionamos como bancada y como grupo político: las discusiones las damos en nuestra interna, con seriedad y con todos los elementos sobre la mesa».
La posición pública de la lista 22 se distancia de la lógica del rechazo automático que caracteriza a otros sectores de la oposición. Caramés lo expresó con claridad en las mismas declaraciones: «No vamos a votar a favor ni en contra de nada por reflejo. Hay quienes prefieren el rechazo como punto de partida. Nosotros preferimos el estudio, el debate interno y la decisión colectiva. Queremos cambiar la lógica del pegar por pegar por la de estudiar, proponer e incidir». Esta definición coloca a la lista 22 en una posición diferenciada dentro del esquema opositor, que en su conjunto tiende a alinearse detrás de un rechazo al fideicomiso.
El trasfondo del debate involucra no solo la viabilidad política del crédito de US$ 300 millones, sino también la lectura que cada actor hace del rol que le corresponde a la oposición departamental en este período. La pregunta de fondo, que atraviesa las distintas declaraciones, es si el bloqueo de recursos para la IM responde a una postura programática o si encubre un cálculo orientado a debilitar la gestión del intendente Bergara de cara a los próximos ciclos electorales.
Las tensiones que rodean al préstamo de la Intendencia de Montevideo se desarrollan en simultáneo con el proceso de aprobación del presupuesto quinquenal comunal, lo que complejiza el escenario legislativo departamental. La Junta Departamental se convierte así en el espacio donde convergen las presiones internas del PN, las definiciones del Frente Amplio como fuerza gobernante en la commune y los movimientos de actores nacionales —entre ellos el expresidente Lacalle Pou— que inciden sobre las posiciones de los legisladores departamentales.