Uruguay anotó en febrero su inflación interanual más baja en décadas: 3,11%

Hay cifras que llegan sin hacer ruido y aun así cambian algo. El Instituto Nacional de Estadística publicó esta semana el dato del IPC de febrero de 2026 y el número que quedó registrado fue 3,11% en términos interanuales. Para entender el peso de esa cifra hay que viajar bastante en el tiempo: Uruguay no registraba una inflación tan baja en al menos siete décadas.

El país que durante buena parte del siglo XX convivió con espirales de precios que llegaron a superar el ciento por ciento anual cerró el mes pasado con una suba que muchas economías desarrolladas envidiarían.

El IPC subió 0,35% en febrero, acumulando un 1,27% en lo que va del año. La comparación con el mismo período del año anterior es elocuente: en febrero de 2025, la inflación mensual había sido el doble, 0,69%, y la variación anual marcaba 5,10%. En doce meses, la desaceleración fue de casi dos puntos porcentuales. No es un ajuste menor, es un cambio de piso.

La principal presión al alza en febrero vino de la boleta de luz. La división de vivienda, agua, electricidad, gas y combustibles subió 1,52%, impulsada casi exclusivamente por el aumento de 4,06% en la tarifa de UTE. La explicación técnica es que en diciembre y enero había estado vigente el plan de descuentos «UTE Premia», que moderó el costo eléctrico durante el verano. Al revertirse ese efecto, la factura volvió a su nivel habitual y el rebote quedó reflejado en el índice.

El servicio doméstico, que integra la división de mobiliario y artículos del hogar, también empujó hacia arriba con una suba de 2,83%. Los artículos de cuidado personal y los servicios de peluquería completaron las presiones positivas del mes.

Del otro lado, la ropa y el calzado registraron una caída de 1,60%, en línea con la liquidación de fin de temporada primavera-verano. Las frutas también bajaron de forma notoria: las peras cayeron casi 28%, las manzanas más de 4% y las bananas otro tanto. El capítulo de recreación y cultura cerró en negativo, con bajas en cuadernos y en paquetes turísticos al exterior.

En la canasta de alimentos el resultado fue casi neutro, con una variación de -0,06%. Las carnes bajaron en cortes como el asado de tira y el pollo, aunque la carne ovina y la picada subieron. Las verduras mostraron volatilidad intensa: los tomates aumentaron 47% en el mes y los morrones 24%, mientras que los zapallitos cayeron casi 20% y los boniatos 15%. Este tipo de oscilaciones estacionales son normales y no alteran la tendencia estructural del índice.

El cierre de 2025 ya había marcado un piso relevante: el IPC anual fue de 3,65%, el más bajo en 24 años, quedando por debajo del objetivo del Banco Central, fijado en 4,5%, aunque dentro del rango de tolerancia de entre 3% y 6%. Con el dato de febrero 2026, la tendencia se profundizó todavía más.

La paradoja es que esta inflación baja genera inquietud en las autoridades. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, ha señalado que una inflación tan contenida está asociada a problemas de competitividad. La preocupación tiene una lógica concreta: con menor inflación, la recaudación fiscal crece más despacio en pesos corrientes, mientras el gasto ya fue comprometido. El resultado es que el déficit puede resultar mayor al proyectado.

Una parte importante del fenómeno se explica por la caída del dólar, que se desvalorizó aproximadamente 11% frente al peso uruguayo durante 2025. Eso hizo que cerca de un tercio de los rubros del componente transable del IPC registrara deflación el año pasado. El componente no transable, en cambio, con más de la mitad de sus rubros subiendo por encima del 6%, sigue mostrando que la inflación doméstica tiene una vida propia que el tipo de cambio no alcanza a moderar por completo.

A principios de año, el Banco Central recortó la tasa de política monetaria en cien puntos básicos, llevándola a 6,5%, buscando que las condiciones monetarias contribuyan a que la inflación vuelva gradualmente hacia la meta de 4,5% anual. Es una situación inédita para un país históricamente acostumbrado a pelear en la dirección opuesta.

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