El Poder Ejecutivo estableció mediante decreto una reducción en los precios de combustibles al consumidor final, que entrará en vigencia a partir de las 00:00 horas del 1.° de marzo de 2026. La medida alcanza a las principales categorías de naftas y gasoil que se comercializan en el país, mientras que el supergás permanecerá sin modificaciones en su valor.
La resolución oficial determina que la nafta Súper 95 pasará de 77,79 pesos a 76,88 pesos por litro, lo que representa una reducción de 0,91 pesos respecto al precio vigente hasta el último día de febrero. En tanto, la nafta Premium 97 descenderá de 80,30 pesos a 79,40 pesos el litro, registrando una baja de 0,90 pesos en su valor al público.
En el caso del gasoil, los ajustes resultan más pronunciados en términos absolutos. El gasoil 50-S se reducirá de 49,77 pesos a 47,32 pesos el litro, una diferencia de 2,45 pesos. El gasoil 10-S, por su parte, pasará de 56,77 pesos a 54,32 pesos por litro, con una variación de 2,45 pesos hacia la baja.
El supergás no registrará cambios en su precio y continuará comercializándose a 88,46 pesos el kilogramo. Esta categoría queda excluida de los ajustes dispuestos por el decreto para el resto de los combustibles, manteniéndose el valor que estaba vigente hasta el momento de la publicación de la medida.
El contexto internacional en materia de precios del petróleo presenta una serie de elementos que inciden sobre los valores internos de los combustibles. En lo que va de 2026, hasta finales de febrero y principios de marzo, los mercados internacionales del crudo mostraron una tendencia general al alza. El WTI (West Texas Intermediate) se ubicó en torno a los 60 a 64 dólares por barril al inicio del año, mientras que el Brent promedió alrededor de 67 dólares por barril durante enero, con valores diarios que escalaron desde aproximadamente 62 dólares a inicios de ese mes hasta 72 dólares hacia finales de enero.
Durante febrero de 2026, la tendencia alcista se mantuvo. A mediados del mes, el Brent se ubicaba entre los 68 y 69 dólares, en tanto el WTI operaba en un rango de 63 a 66 dólares. Hacia el 27 de febrero, el WTI alcanzó los 67,02 dólares por barril, con una suba del 2,78% en el día, mientras que el Brent llegó a 72,87 dólares, registrando una variación positiva del 2,87%. En términos acumulados para las últimas semanas de febrero, las ganancias mensuales rondaron el 6% para el WTI y el 8% para el Brent.
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En el acumulado del año hasta finales de febrero, el WTI acumuló subas de entre el 16 y 18%, con un promedio año a la fecha de aproximadamente 65 dólares. El Brent, en tanto, registró ganancias similares o levemente superiores, con un promedio en torno a los 70 dólares. A pesar de esta recuperación, ambos indicadores se mantenían por debajo de los promedios registrados en 2025, cuando el Brent promedió aproximadamente 69 dólares por barril.
Organismos y entidades de análisis de mercado, entre ellos la EIA (Agencia de Información de Energía de Estados Unidos), habían proyectado antes de los eventos recientes promedios anuales más bajos para 2026, con estimaciones para el Brent en el rango de los 56 a 58 dólares, en base a un escenario de superávit de oferta global y acumulación de inventarios. Sin embargo, la situación geopolítica alteró ese escenario de manera significativa.
A finales de febrero de 2026, durante el fin de semana del 28 de febrero al 1.° de marzo, se registraron ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. Este hecho incorporó un riesgo geopolítico mayor para el mercado petrolero internacional, dado que Irán ocupa el cuarto lugar en producción dentro de la OPEP, exporta principalmente hacia China y ejerce control sobre el Estrecho de Ormuz, corredor por el que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial de manera diaria.
Las estimaciones de los analistas de mercado para la reacción inmediata tras los ataques oscilan entre una suba de 5 a 10 dólares por barril en el corto plazo, por efecto de la prima de riesgo geopolítico, hasta incrementos de 10 a 20 dólares en caso de que no se produzca una desescalada rápida del conflicto. Algunos analistas proyectan que el Brent podría saltar a un rango de 80 a 90 dólares al inicio de la primera semana de negociación, partiendo de niveles previos de entre 67 y 73 dólares. En el escenario más adverso, con una disrupción prolongada, los precios podrían superar los 100 dólares por barril.
Entre los factores identificados como potencialmente alcistas, se señala la posibilidad de que Irán responda al ataque mediante el cierre o la obstrucción del Estrecho de Ormuz, utilizando minas o misiles, lo cual interrumpiría los flujos provenientes de Arabia Saudita, Irak y otros países productores de la región. Asimismo, eventuales ataques a infraestructura petrolera iraní o de sus aliados podrían reducir la oferta disponible en el mercado, considerando que Irán exporta aproximadamente 1,5 millones de barriles por día, destinados mayoritariamente a China. También se contempla la posibilidad de represalias iraníes contra bases estadounidenses o de países aliados en el Golfo Pérsico, lo que podría derivar en un conflicto de escala regional más amplia.
Entre los elementos que podrían mitigar el impacto sobre los precios, los analistas destacan que, si los ataques fueron de carácter limitado y no afectaron de forma directa las principales instalaciones petroleras, la disrupción podría ser de carácter temporal. A esto se suma la existencia de inventarios globales elevados y una producción récord en Estados Unidos y otros países no pertenecientes a la OPEP, factores que actuarían como amortiguadores ante eventuales disrupciones de oferta. Una posible desescalada rápida del conflicto, así como una eventual intervención diplomática, podrían hacer que la prima geopolítica se disipe en un plazo de semanas o meses, como ocurrió en episodios previos de tensión en la región.
En el mediano plazo, si el conflicto se prolonga o involucra directamente al Estrecho de Ormuz, los precios del crudo podrían sostenerse en niveles superiores a los 80 dólares, con efectos sobre la inflación global y las principales economías del mundo. En caso contrario, si la situación se contiene, los fundamentos bajistas del mercado —entre ellos el superávit de oferta proyectado por la EIA, Goldman Sachs y otras instituciones— podrían devolver los precios hacia un rango de 60 a 65 dólares como promedio anual. Los analistas habían ajustado al alza sus proyecciones para 2026 en función de los riesgos geopolíticos, aunque señalan que el escenario de sobreoferta impone límites a una suba sostenida en el tiempo.