Cuando los estudiantes de séptimo y octavo de un colegio de Montevideo lleguen a su salón de clases la semana que viene, se encontrarán con un nuevo ritual matutino: entregarán su teléfono celular, pero no a un profesor o a un preceptor, sino a una funda de tela con cierre magnético que ellos mismos deberán cerrar y que no podrán volver a abrir hasta que termine la jornada escolar.
“No implica quitar el teléfono, revisarlo, ni sacárselo al alumno ni confiscarlo”, aclara Fernando De Amores, responsable local de Motived, la startup uruguaya que importó esta tecnología. “El alumno siempre es responsable del dispositivo”, enfatiza.
La iniciativa, que comenzará como piloto con unos 100 estudiantes de séptimo y octavo grado, busca atacar un problema que las cifras oficiales ya no permiten ignorar. Según los resultados de PISA 2022, el 52% de los estudiantes uruguayos de 15 años admitió que se distrae utilizando dispositivos digitales como el celular durante las clases de matemática.
El mecanismo es engañosamente simple. “Es una funda de cierre magnético para celulares, que nosotros le decimos pouches”, explica De Amores, que además de emprendedor es profesor de Historia desde hace dos décadas. “Técnicamente se basa en un mecanismo mecánico sencillo similar a las etiquetas de seguridad que se usan en las tiendas de ropa. Cuando ponés el teléfono adentro y cerrás la funda, esa traba se engancha sola y queda cerrada. Es como cuando cerrás una puerta con pestillo: queda bloqueada y no se puede abrir tirando nomás”.
La única forma de recuperar el acceso al dispositivo es acercar la funda a unas bases magnéticas estratégicamente ubicadas en la institución. “Se pueden ubicar en la entrada o salida de la institución, o asignarlos a referentes de ciclo, directores, subdirectores o coordinadores, según número de alumnos y características del plan”, detalla. También hay imanes “móviles” para emergencias o situaciones excepcionales.
Consultado sobre la posible resistencia de los adolescentes, De Amores reconoce que puede existir, pero prefiere enmarcar la discusión en otro terreno. “No estamos mirando esta solución como una prohibición, sino como una posibilidad de educar, de acompañar”, sostiene. Y agrega: “El chico llega al colegio, al comenzar la jornada escolar, guarda su celular en la funda magnética y lo cierra. Durante el período escolar, el teléfono permanece con el alumno sin uso y sin ingreso de notificaciones”.
La estrategia incluye un componente formativo que, según el emprendedor, es tan importante como el dispositivo mismo. La propuesta contempla una plataforma educativa con contenidos sobre uso consciente de tecnología, salud mental y hábitos de convivencia, dirigida a alumnos, docentes y familias. “Brindar la posibilidad a los padres, a los profesores y a los propios docentes de que reciban formación”, explica sobre el campus virtual que desarrollaron con profesionales de Uruguay y Argentina.
El origen estadounidense y la evidencia internacional
La tecnología no es uruguaya, aunque la adaptación local sí. Los productos que Motived trae al país fueron creados en 2014 por el estadounidense Graham Dugoni, quien originalmente los concibió para evitar el uso de celulares en espectáculos. Su empresa, Yondr, ya tiene presencia en más de dos docenas de países y en los 50 estados de Estados Unidos.
En una entrevista con CBS, Dugoni ofreció una perspectiva que De Amores hace propia: no se trata de quitar algo, sino de devolverlo. “Les están devolviendo algo”, dijo el creador, refiriéndose a la capacidad de atención y la interacción social directa.
Un estudio reciente de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) de Estados Unidos analizó el impacto de prohibir celulares en un gran distrito escolar de Florida. Los resultados requieren matices: el primer año aumentaron las suspensiones cuando comenzó la aplicación disciplinaria y los puntajes se mantuvieron similares. Pero en el segundo año, las calificaciones mejoraron, con efectos más marcados en varones y en secundaria.
El programa tiene un costo de 20 dólares por alumno en esta etapa, con un aumento previsto a 30 dólares en julio. La empresa ofrece además pilotos gratuitos de 30 días con cupos limitados. Más de 20 colegios ya solicitaron reuniones para conocer el sistema, según De Amores.
La decisión de comenzar con séptimo y octavo grado en el colegio montevideano no es casual. Es la edad en que el vínculo con el teléfono se vuelve más intenso y, según los educadores, más problemático en el aula. “El alcance más o menos van a ser unos 100 estudiantes”, precisa.
De Amores insiste en que el programa es “pedagógico, humano y flexible”, y que el objetivo final es “promover una relación más consciente de los chicos con la tecnología” y “recuperar en el aula espacios de atención, aprendizaje, vínculo y convivencia”.