Las mejores películas del 2025

En lo personal nos inclinamos, en primer lugar, por el filme «Emilia Pérez» de Jaques Audiard, una producción ultra polémica que desató opiniones encontradas y centenares de críticas calificando al filme de «culebrón melodramático». (Buena parte de estas críticas, quizás, se debieron a varias declaraciones infelices del director y de la propia actriz trans Karla Sofía Gascón aunque otro tipo de reclamos estuvieron algo desubicados.

Por ejemplo: el hecho del imperfecto español que declamaba Selena Gómez, a juicio de quien suscribe, resultaría un detalle menor. Quizás la verdadera razón de tantas críticas -sobre todas de México- es que, precisamente, el filme -supuestamente ambientado en dicho país- no se filmó totalmente en el mismo y prácticamente no hubo ningún intérprete azteca en el reparto). Renglón aparte para Zoe Saldaña que brindó una actuación espectacular.

También resultó digna de mérito la actriz Mikey Madison en «Anora» del director Sean Baker. Un crudo relato, en tono de parodia, sobre una imposible cenicienta en el contexto de la cruda realidad que nos rodea. Otro filme valioso, sin duda.

Repasando lo exhibido en pantalla grande, para este cronista, resultó interesante, además, la realización «Pecadores» («Sinners»), de Ryan Coogler. Un desafío que hibridó vampiros, blues y racismo a través de una narración atípica y con alguna que otra escena inolvidable. (El momento donde se entona la canción «I lied to you» es para alquilar balcones).

Continuando con esta subjetiva selección, diríamos que «Aún estoy aquí» de Walters Salles brilló en la pantalla, otorgando al espectador una de las mejores películas latinoamericanas de los últimos tiempos. Una estupenda recreación de los denominados «años de plomo» de la dictadura brasileña que radiografió, sin misericordia, el terror y desamparo de una familia buscando a familiares desaparecidos.

A nivel de la región, el documental «Imprenteros» de Lorena Vega y Gonzalo Javier Zapico también dejó su huella de categoría con una melancólica historia de memoria recobrada con sabor a prensa de la guardia vieja. (No queremos dejar de lado, en este preciso momento, a “Quinografía” de Mariano Donoso y Federico Cardone, quienes ofrecieron un estimable recuerdo del inolvidable Joaquin Lavado, más allá de su recordada Mafalda).

Tampoco «Pequeñas cosas como estas», del irlandés Tim Mielants resultó agradable en su contenido a pesar de su estupenda formulación audiovisual donde el actor Cillian Murphy ofreció una tierna interpretación sobre cristiano enfrentado a su fe. Una película basada en un lamentable hecho real donde, según las costumbres de la época, aquellas muchachas que «habían perdido el buen camino» eran recluídas en un convento. La historia se refiere a las Lavanderías de las Magdalenas donde las supuestas Hermanas de la Misericordia esclavizaron a miles de muchachas hasta fines del Siglo XX. Cuesta creerlo pero fue una verdad absoluta que Mielants radiografíó con poética maestría.

Lo que no terminó por convencer a quien redacta esta nota fue la proyección de «El brutalista» de Braddy Corbet. Una producción que nos resultó reiterativa sobre historia de judío que emigra a los Estados Unidos y vence todas las dificultades del caso hasta erigir su proyecto máximo. Subrayando lo dicho, también estimamos que manejó una excesiva largueza en su exhibición -que no brindó mayor cosa al planteo básico- a pesar de los bombos y platillos que le otorgó Hollywood. Y ya que estamos, opinamos que Adrien Brody estuvo mejor en «El pianista». (El discurso de Brody en la ceremonia del Oscar también resultó excesivo, dicho sea de paso).

Otra opinión que puede resultar muy discutible es que «Una batalla tras otra» de Paul Thomas Anderson tampoco nos convenció demasiado. Declaro haber percibido el filme como un producto bastante deshilvanado en su narrativa, con cierta ingenuidad naif en la propuesta y una gama de perfiles psicológicos que rondaban la caricaturización. La historia de una romántica revolución doméstica en el seno de U.S.A. (Un cachetazo anti-Trump sobre la migración) probablemente sea el mérito por el que la Academia le pueda otorgar la estatuilla. No desconocemos que existen respetuosas y calificadas opiniones que veneran a PTA como director de culto pero, en este caso, no coincidimos con las opiniones que ponen al mencionado filme en un pedestal.

Lo que sí podría ponerse en un pedestal es la exhibición de «La semilla del fruto sagrado» de Mohammad Rasoulof, una potente denuncia sobre el machismo feudalista iraní retratada en el seno de una familia patriarcal y la tiranía que ejerce el padre, un juez del Tribunal Revolucionario de Teherán, frente a un suceso trágico. Se ha llevado una carretilla de premios incluyendo el Premio del Jurado de Cannes, la Paloma del Cine por la Paz y otra larga lista de etcéteras. En esta selección caprichosa también debería incluirse «No other land» de Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal y Rachel Szor.

Un documental más que necesario sobre el conflicto palestino-israelí aunque la historia parezca darle la espalda a la pacificación de dichos sectores en guerra. En este marco, la película “Fue solo un accidente” del iraní Jafar Panahi también merece un lugar de honor a partir de una trama donde ex presos del régimen capturan a su presunto torturador y discuten la venganza que deberían realizar. Una filme catártico, reflexivo y profundo. Prohibido en su país y con el director exiliado, la producción se llevó la última Palma de Oro del Festival de Cannes y aplausos múltiples de la crítica internacional.

Otra película digna de integrar esta lista personal es “Cuando cae el otoño” de Francois Ozon, un inquietante thriller doméstico que el cineasta dirigió con pulso equilibrado, manejando un sospechoso clima que fue atrapando de a poco al espectador.

Por otra parte, “La máquina: The smasing machine” de Benny Safdie no estuvo mal en su brutal visualización biopic sobre las peleas en donde vale casi todo para derrotar al rival. Cabe comentar la imagen de un Dwayne Johnson cambiando totalmente su perfil para interpretar al ex luchador Mar Kerr. Un desafío raro. (La paliza que se reflejaba en imágenes dolía hasta en los que estábamos en la butaca).

En otro orden de cosas, se dieron proyecciones para un entusiasta público hiper-cinéfilo que disfrutó de “A la deriva” (Caught by the Tides) producción china dirigida por Jia Zhangke que utilizó la trama de una relación romántica para repasar parte de la historia del país milenario. También hubo halagos para «La quimera» de Alice Rohwacher, La realización presentaba un discurso audiovisual que mostraba a un joven experto en arqueólogo ayudando a profanar tumbas etruscas en la campiña toscana. (Lo mejor de la película, a entender de quien sigue escribiendo esto, estuvo en el desenlace y la delicada interpretación de Josh O’Connor en el rol protagónico).

No querríamos dejar fuera de esta publicación el posible hecho que animaciones como «Flow» del letón Gints Zibalodis o «Memorias de un caracol» del australiano Adam Elliot hayan sido las mejores realizaciones del género a pesar del bombardeo mediático con el que nos tiene atomizados Disney a lo largo del año.

Por su parte, hubo películas que pasaron sin pena ni gloria a pesar de algunas expectativas que surgían por parte de críticas foráneas. Tal el caso, por ejemplo, de una descremada «María Callas» de Pablo Larraín o «Las vidas de Sing Sing» de Greg Kwedar, que venía con el auspicio de haber sido catalogada como una de las diez mejores producciones del año 2024 por el National Board of Review y el American Film Institute, entre otras condecoraciones. (A este cronista no lo dejó indiferente pero tampoco lo entusiasmó demasiado en su puesta en escena sobre presos dedicándose al teatro.

En fin). Otro producto que, aparentemente, quedó a medio camino en la aprobación del gran público fue “Vermiglio” de la italiana Maura Delpero, que había ganado el Gran Premio del Jurado en el Festival de Venecia. Como si hubiera quedado reducida a un minúsculo culto de espectadores sibaritas, ni siquiera calificó en las recientes votaciones de la ACCU.

Yéndonos al otro extremo del dial, el “Frankenstein” de Guillermo del Toro propuso una elegante y sombría adaptación del clásico de Shelley. Pero, a lo mejor, estaría bueno dejar de comparar literatura con cine. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, como dice el filósofo Kesman. (Dicho sea de paso, del “Dracula” del francés Luc Besson mejor no hablamos). Y, a nivel internacional, hasta aquí llegamos. Si faltó algo se debe, exclusivamente, a la ignorancia de este cronista. Pero tampoco queremos omitir, ahora, le pena que sentimos por tener que dejar fuera, en este caso, la posibilidad de ponderar valiosas propuestas que se han estrenado directamente en plataformas varias. Sería tema para otra nota, sin dudas.

El biógrafo local

Es importante señalar que Uruguay no quedó fuera de la pantalla con estimables producciones que continuaron sumando a la creación audiovisual del paisito. Con mayor número de realizaciones documentales, la ficción también tuvo su espacio de prestigio sobre todo con “Perros” de Gerardo Minutti. Patética observación sobre el posible “infierno grande en pueblo chico”, presentando a una familia que se queda a cuidar la casa de unos vecinos que se van de viaje. Situación potencial de envidias y conflictos diversos que el director pasó revista, con particular agudeza, reflejando la probable idiosincrasia nuestra de cada día.

Un peliculón donde destacaron varios actores/actrices en medio de un elenco de lujo. Esa idiosincrasia también estuvo presente en el documental “Ponsonbyland” de Ramiro Cabrera. Un registro histórico mostrando nuestra génesis como invento diplomático de los ingleses. (Una suerte de “país tapón» con sus virtudes y defectos como para mirarnos al espejo y reconocernos en nuestra propia identidad. Imperdible). Consideración que también otorgamos a “Montevideo inolvidable” de Alfredo Ghierra, otro estupendo documental que reflejó frontalmente la mortal “piqueta del progreso” mientras se intenta recuperar el patrimonio arquitectónico de nuestra ciudad. Una producción que deberíamos ver todos.

En medio de todo esto, “Sanguche caliente” de Manuel Facal mostró una capacidad fuera de serie para compaginar el caos de un uruguayo en Buenos Aires a través de una edición típica de los dibujos animados de Tex Avery. Una locura filmada en celular. Increíble. Menos entusiasmo generó “Panchopalooza” de Diego Melo y Ernesto Rodríguez aunque debe reconocerse su entusiasmo y dedicación para terminar produciendo, a lo largo de años, un delirio medio inexplicable que fusionó tres cortos originales para recrear otra demencia audiovisual.

Volviendo al género documental, títulos como “Señor, si usted existe, por qué no me saca de este infierno” de Jorge Fierro o “El amor duerme en la calle” de Guzman García no hicieron otra cosa que registrar la terrible realidad que nos rodea sin la necesidad de ir al cine para contemplarlo. Aquí, las películas apostaron a la reflexión, y la inteligencia emocional para no dejar indiferente a nadie. Mientras tanto, “El tema del verano” de Pablo Stoll conjugó zombies y comedia en un tono un poco sangriento y morboso más que paródico. (Otra opinión discutible, por supuesto). La música del filme y la actuación Daniel Hendler estuvieron muy bien, dicho sea de paso. Dentro de todo lo que va quedando, “Quemadura china” de Verónica Perrotta se arriesgó a una apuesta excéntrica de metacine y remake de una puesta teatral donde el tema de los vínculos familiares se abordó desde la separación de unos siameses y lo que esto detonaba a nivel emocional. Personalmente creemos que la actuación de Perrotta fue lo mejor de todo en una caracterización donde puso toda la carne en el asador.

Por cierto que hubo otras propuestas audiovisuales uruguayas. Un fenómeno que se expande. Pero, a título personal -como veníamos diciendo- por acá nos quedamos en esta apretada selección. Las disculpas del caso por si omitimos alguna propuesta valiosa.

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