Un extenso estudio de cohorte nacional, realizado por el grupo científico Epi-Phare, no ha detectado un incremento en el riesgo de mortalidad a largo plazo atribuible a la vacunación contra la COVID-19 con fórmulas de ARNm. El análisis, que siguió a más de 28 millones de adultos en Francia hasta marzo de 2025, comparó los resultados entre personas vacunadas y no vacunadas. Los investigadores establecieron un período de seguimiento que inició seis meses después de la primera dosis para eliminar posibles sesgos estadísticos.
La investigación se centró en individuos de 18 a 59 años que residían en Francia y estaban afiliados al sistema de reembolso de salud. Del total de la cohorte, aproximadamente 22.7 millones habían recibido al menos una dosis de una vacuna de ARNm durante la campaña masiva de 2021. La metodología empleó modelos de regresión de Cox ajustados por una amplia gama de variables, incluyendo edad, sexo, región, nivel socioeconómico y 41 condiciones de salud preexistentes.
Los datos mostraron una diferencia significativa en las tasas de mortalidad entre ambos grupos a lo largo de un período de seguimiento mediano de 45 meses. “Este estudio ayuda a poner fin a la desinformación difundida sobre las vacunas de ARNm”, afirmó el profesor Mahmoud Zureik, experto en salud pública y director de Epi-Phare. “Proporcionar datos sobre la ausencia de riesgos a largo plazo ayuda a fortalecer la confianza en estas vacunas, que se desarrollarán para otros virus y enfermedades”.
El hallazgo principal indica una reducción del 25% en la mortalidad por todas las causas entre los individuos vacunados, en comparación con el grupo no vacunado. El ratio de riesgo ponderado fue de 0.75, con un intervalo de confianza del 95% entre 0.75 y 0.76. Esta disminución se observó de manera consistente a lo largo del período de estudio, sin señales de un aumento tardío en la mortalidad.
De manera específica, la mortalidad relacionada con COVID-19 se vio drásticamente reducida en un 74% entre los vacunados. Además, el análisis de la mortalidad por causas no COVID también mostró un perfil favorable, con una reducción aproximada del 24%. Los investigadores examinaron categorías específicas como enfermedades cardiovasculares, neoplasias y causas externas, sin encontrar evidencia de un exceso de riesgo en ninguna de ellas.
El estudio también analizó el corto plazo, definido como los primeros seis meses posteriores a la vacunación. En este período, la mortalidad general entre los vacunados fue un 29% menor. Estos resultados, publicados en JAMA Network Open, refuerzan la conclusión de un perfil de seguridad favorable a largo plazo para las plataformas de ARNm utilizadas durante la pandemia.
Investigaciones independientes en otras poblaciones y países han arrojado conclusiones similares. Un estudio de casos autocontrolados en Estados Unidos, publicado en la revista Vaccine en 2024, analizó los riesgos posteriores a la vacunación con productos de Pfizer, Moderna y Janssen. Dicho trabajo no encontró un aumento en la mortalidad por todas las causas, en la mortalidad no relacionada con COVID-19 ni en fallecimientos de origen cardíaco.
Otra cohorte amplia, cuyos resultados están disponibles en PMC en 2025, reportó que las personas vacunadas contra el SARS-CoV-2 mostraron una reducción sustancial en la mortalidad general, que en algunos análisis ajustados alcanzó aproximadamente el 40%. Esta disminución superó el efecto que podría atribuirse únicamente a la prevención de fallecimientos por COVID-19, sugiriendo la posible influencia de factores conductuales o de acceso a la salud.
Publicaciones en revistas como The Lancet Regional Health – Western Pacific han documentado una alta efectividad de la vacunación contra la mortalidad por COVID-19 y una reducción paralela en la mortalidad por todas las causas, efecto que se mantuvo con las dosis de refuerzo. La consistencia de los datos a través de diferentes diseños de estudio y contextos geográficos fortalece la solidez de las observaciones.
Los análisis en grupos específicos con condiciones de salud preexistentes tampoco han alterado la tendencia principal. Una investigación realizada en veteranos de los Estados Unidos, cuyos resultados se presentaron en el New England Journal of Medicine en 2025, asoció las vacunas actualizadas de 2024-2025 con un menor riesgo de resultados graves y mortalidad. De manera similar, un estudio en pacientes con asma, referenciado en PubMed en 2025, encontró que la vacunación se asoció con una menor mortalidad a largo plazo.
Revisiones sistemáticas y metaanálisis de la literatura disponible han convergido en la misma conclusión: no existe evidencia de un exceso de mortalidad a largo plazo atribuible a las vacunas de ARNm contra la COVID-19. Por el contrario, la evidencia apunta sistemáticamente hacia un beneficio neto en la supervivencia, derivado principalmente de la protección contra la COVID-19 grave y sus complicaciones, sin que se compense con un aumento de riesgos por otras causas.