En un artículo de opinión publicado en Público, el filósofo esloveno Slavoj Žižek plantea una tesis controvertida: la izquierda necesita figuras como Charlie Kirk, el influyente comentarista conservador estadounidense asesinado en septiembre de 2025, para revitalizarse.
Žižek argumenta que el ascenso del nacionalismo populista de derecha en Occidente no es solo un rechazo a la inmigración, sino una respuesta al “completo fracaso del centro ‘moderado’ y de la izquierda”. En lugar de descartar a Kirk como un “derechista fanático”, el autor invita a examinar su evolución hacia una crítica sistémica que podría enriquecer el debate progresista.
Žižek contextualiza el fenómeno en países como Reino Unido, donde el “despertar de la ciudadanía” surge del silencio liberal ante choques culturales. Cita el escándalo de Rotherham, donde una banda paquistaní abusó de más de mil niñas blancas, y los datos fueron “eludidos o minimizados, para no provocar islamofobia”.
Otro ejemplo es el asesinato de Iryna Zarutska, una refugiada ucraniana apuñalada en un tren de Charlotte en septiembre de 2025. Mientras la derecha, incluyendo Kirk y Trump, lo usó para resaltar tensiones raciales, la izquierda “se dedicó principalmente a restarle importancia al suceso, porque no encajaba en las coordenadas políticamente correctas”. Para Žižek, Kirk detectó “el verdadero horror” no en lo racial, sino en la pasividad social: pasajeros que “simplemente permanecen sentados y miran con gesto abochornado”.
El autor destaca la ambigüedad de Kirk, cuya “argumentación amable y paciente, sin excesos brutales” contrasta con estereotipos. En su último año, Kirk se alejó del populismo derechista para enfocarse en la “lucha de clases: el dominio sin restricciones que las grandes corporaciones y el ‘Estado profundo’ ejercen sobre la masa de gente común”.
Žižek lo compara con Curtis Yarvin, quien describe las democracias liberales como “formas de oligarquía apenas disfrazadas”. Ambos, vagamente trumpistas, ven en Trump a alguien que “ha perturbado el sistema” y abierto “una senda hacia el cambio radical”. Esta perspectiva permite formular “ideas izquierdistas básicas sin caer en el caos políticamente correcto”.
Žižek extiende el análisis a figuras como Steve Bannon, quien aboga por fragmentar monopolios tecnológicos: “Vamos a fragmentar Facebook. Vamos a fragmentar Google”. Incluso Bernie Sanders recibe menciones positivas por indagar en estas tensiones. El autor critica la obsesión progresista con Trump como un “fetiche” que oculta la lucha de clases detrás. Propone que una nueva izquierda una “digitalización sometida al control popular”, resolviendo la irreductible tensión entre populistas y tecnócratas trumpistas.
El texto explora cómo la derecha apropia herramientas izquierdistas, como la hegemonía gramsciana, para unir “resistencia de la clase trabajadora al gran capital corporativo con una afirmación del espíritu ‘creativo’ del capitalismo y un odio a los extranjeros”. Žižek ironiza: Trump y sus aliados son los “verdaderos ‘marxistas culturales‘». Cita a Peter Thiel y J.D. Vance, alumnos de René Girard, que usan el “deseo mimético” para controlar opiniones digitales y justificar exclusiones como “sacrificios”. Katherine Dee describe esto como “visualización como práctica mágica”, donde imágenes repetidas reprograman percepciones, evocando casos como la muerte de George Floyd o Óscar Ramírez y su hija, símbolos de tragedias globales.
Žižek advierte de fenómenos culturales que redefinen identidades: en Polonia, “Szon Patrol” acosa mujeres con chalecos fluorescentes; en Croacia, el concierto de Marko Perković Thompson con 500.000 asistentes no es nostalgia fascista, sino “visión propiamente utópica de un futuro imaginado”.
En Londres, 110.000 manifestantes antiinmigrantes exigieron disolver el Parlamento, con Elon Musk llamando a una “revolución”. Estos movimientos, “por repulsivos que sean”, perciben correctamente la “decadencia de la democracia” y la irrelevancia de partidos tradicionales.
Finalmente, Žižek rechaza oponer “visión positiva” al miedo derechista. El populismo trumpista niega amenazas como la crisis ecológica o la IA, diciendo que “lo único a lo que debemos tener miedo es al miedo en sí”. Para competir, la izquierda debe insistir en “prepararnos para una catástrofe planetaria: el nuevo comunismo será un comunismo de guerra”. En un panorama de escisiones izquierdistas –como el fallido partido de Corbyn y Sultana–, Žižek urge a aprender de oponentes para captar el “espíritu que mueve a las multitudes”.
Este ensayo, denso en referencias filosóficas y actuales, desafía dogmas al sugerir que salvando elementos valiosos de la derecha –crítica al poder corporativo, rechazo al silencio multicultural–, la izquierda podría reformularse. Con unas 700 palabras, Žižek no busca endorsement, sino provocación intelectual para una izquierda que, de lo contrario, arriesga la marginalidad.